LA HISTORIA DE RAMORA, SOBREVIVIENTE DE VIOLENCIA DOMÉSTICA.
Ramona es una maestra de 37 años de edad que fue víctima de violencia física y sicológica por parte de su esposo, a quien conoció en la iglesia.
De pequeña, recuerda cómo su padre también maltrató a su madre. Por lo tanto, revivió en su matrimonio el mismo escenario que tuvo de niña.
Con su esposo, el patrón de violencia doméstica comenzó cuando eran novios, recordó la mujer. Aseguró que toleró desde ese entonces porque su esposo “ayudó mucho” a sus padres, quienes tenían problemas económicos.
Con evidente claridad, la mujer recordó el primer episodio de violencia cuando solo tenía tres semanas de estar casada.
“Yo le cogí las llaves del carro porque él estaba enojado conmigo y no quería hablarme. Y yo, para que no se fuera enojado, me encerré en el carro y él me dijo ‘a la una, a las dos y si no abres el carro, lo rompo’. Y cogió un marrón y le rompió los cristales y yo salí corriendo. Desde esa vez no volví a llevarle la contraria”, dijo.
Después los episodios de violencia fueron constantes y más severos, contó la mujer.
“Él se fue a beber y me dejó sola por varios días. Yo me amanecí llorando. Cuando apareció y yo quería hablar con él, le dio una rabieta, cogió unos papeles y les prendió fuego. Por poco quema la casa”, relató sobre otro incidente violento con su esposo.
Reconoció que toleró por temor, por miedo a que su esposo la emprendiera contra las hijas de ambos y porque desde pequeña vio la misma conducta entre sus padres. “La cultura nos enseña a ser sumisas, a ceder siempre porque la mujer… Toda la vida ha sido así. La mujer ha tenido que soportar y, yo creo que sí, porque mi madre era muy abnegada. Muy dedicada. Tampoco uno puede decir su punto de vista, la cultura también enseña que lo que dice él, es lo que tiene que ser”, sostuvo Ramona.
Así y “durante muchos años le seguía la corriente, aguantaba y evitaba el confrontamiento con su esposo”.
Pero poco a poco, Ramona le iba perdiendo el amor a su esposo “porque una no puede querer a una persona que atropelle tanto a una”.
Un incidente de violencia con sus hijas la hizo dejar a trás las "estrategias" a las que había echado mano para sobrevivir en su matrimonio, según dijo. En esa ocasión, su esposo llamaba a gritos a las hijas lesbianas y prostitutas con la intención de controlar sus salidas con amigas y amigos, relató Ramona.
En una ocasión, una de sus hijas vio a su esposo besando a una amiga de ella. Ramona optó por confrontar a su esposo y le dijo que quería divorciarse. El hombre reaccionó airado y aseguró que su hija mentía. Ramona le pidió que se fuera de la casa.
Él agarró un cuchillo e intentó matarla. Ramona aparentó ceder para salvar su vida y respondió con un “no lo voy a hacer, por favor, no lo voy a hacer”.
Fingió que todo terminó ahí. Pero Ramona, en un descuido de su esposo, aprovechó para marcharse del hogar con sus hijas. Posteriormente, buscó una orden de protección y no regresó al hogar. De esta forma, pudo salir de la relación.
El testimonio de Ramona, nombre ficticio, está contenido en el libro “Espacios de Libertad: Mujeres, violencia doméstica y resistencia” de Diana Valle Ferrer. La doctora en trabajo social exploró el tema de la violencia doméstica desde el punto de vista de las múltiples estrategias de resistencia a las que echan mano las víctimas de violencia doméstica para sobrevivir, protegerse ellas y a sus hijos e hijas.
“La médula del libro es cómo las mujeres enfrentan la violencia en la relación de pareja. Encontré que todas las mujeres utilizan 'estrategias' de resistencia. Lo que prueban mis estudios es que las mujeres no son pasivas ante la violencia. Lo que pasa es que las formas en que las mujeres enfrentamos la violencia no necesariamente son iguales a las estrategias que utilizan los hombres ”, precisó la autora, quien estudio los casos de 76 mujeres víctimas y sobrevivientes de la violencia de género y otras 10 también víctimas, pero albergadas en hogares.
“Estas mujeres utilizaban, por ejemplo, la estrategia de seguirle la corriente, aparentar estar de acuerdo, aparentar sumisión, evadir discusiones, encerrarse en un baño, quedarse un rato en casa de una vecina”, explicó.
Dijo que las mujeres resisten por múltiples razones que incluyen, la presión a su alrededor, para salvar su vida y la de sus hijos e hijas, y por la intención de preservar el matrimonio porque se les ha enseñado que es para toda la vida. Además, “una relación de violencia no puede terminarse de un día para otro, es un proceso lento, es una toma de conciencia gradual, aunque a veces parezca que responde a un solo incidente límite”, dijo Valle Ferrer.
“En la situación de Ramona, reconocer el impacto de la violencia psicológica en sus hijas inicia la toma de conciencia del daño que la violencia les ha causado, a la misma vez que revive el daño que su padre le hizo”, agregó.
Pero Valle Ferrer recalcó que esa toma de conciencia es individual, heterogénea y es un asunto tan complejo como la misma violencia doméstica. Dijo que regularmente la gente no entiende por qué la víctima de violencia doméstica tolera la situación.
El libro, precisamente, pretende arrojar luz sobre ese aspecto para que la sociedad entienda el tema y ayude a las víctimas sin juzgarlas.
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